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i-3 25 Eduardo Momeñe o que hemos dado en llamar ‘reportaje fotográfico’ lo denominaremos ‘ensayo fotográfico’, y lo que llamamos ‘documental’ lo consideraremos ‘ensayo videográfico o cinematográfico’. Eso nos servirá para abordar la descripción de los lugares, de las personas y de los hechos que se generen desde la observación y la comprensión, desde la reflexión. Si nos atenemos a la tradición literaria del comentario bien hecho, a la narración bien estructurada, a las palabras bien dichas, encontraremos esta idea de la reflexión, de la opinión sobre el mundo –mientras caminamos por él– bien plasmada, en ocasiones magistralmente plasmada. Un ejemplo sería W. G. Sebald. Otras referencias entre mil serían A sangre fría de Truman Capote, cualquiera de los libros de Ryszard Kapuscinski, de Bruce Chatwin, el Hiroshima de John Hersey o bien el primero de todos -actual, moderno, imprescindible- Dejadnos alabar ahora hombres famosos, del fotógrafo Walker Evans y del escritor James Agee. Nuestra idea sería llegar a esta narración del mundo con nuestra cámara fotográfica y nuestro cuaderno de notas; el reto de poner imágenes fotográficas y/o videográficas a todas esas palabras. O bien situar palabras en todas esas imágenes, concebir el viaje fotográfico como viaje literario, el viaje literario como fotográfico. Llevar nuestro texto adelante; tenemos la opción del texto verbal y del texto visual. Cuando ambos se unen –se apoyan– para obtener una significación más amplia, estamos ante este ese ensayo que proponemos. Del 23 al 27 de junio dirigirá el curso ‘El ensayo fotográfico documental, nuevas propuestas narrativas y periodísticas’ en el Círculo de Bellas Artes. L


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