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ESCUELA DE LAS ARTES 2015 | UC3M ¿Qué se pretende con este curso? ¿Cómo se piensa el arte? Promover la reflexión y el debate genuinos entre los alumnos. El curso plantea una invitación a pensar el arte y la cultura contemporáneos desde diferentes posiciones teóricas: la filosofía, la teoría literaria, la arquitectura, el psi-coanálisis, la comunicación y las reflexiones acerca del arte. Consideramos que la naturaleza del hecho artístico después de las vanguardias plantea cuestiones (el arte después del fin del arte, la permeabilidad de la frontera entre alta y baja cultura, la (im)posibilidad del escándalo, la dialéctica ruptura-consenso-institución, la desma-terialización de la obra…) que pueden abordarse de un modo más convincente y fecundo desde una propuesta polifónica. Hemos recurrido a profesores y profesiona-les de diversos ámbitos del pensamiento y de la cultura para que proyecten una mirada analítica desde diferentes puntos de vista, alejados de planteamientos meramente históricos. Esto plantea al menos dos planos de multipli-cidades: el de los análisis y el de las propias disciplinas. Pensamos que ello favorecerá una verdadera reflexión multidisciplinar, más adecuada a la realidad artística y cultural de nuestros días. Con el curso Pensar el arte, pensar las artes pretendemos ofrecer interpretaciones que contribuyan a ubicar las prácticas artísticas en relación con nuestro presente y que, tal vez, hagan aflorar algunos interrogantes, pero en modo alguno aspiramos a ofrecer teorías definitivas o interpre-taciones finales que agoten las obras o nos muestren algo parecido a su verdad o a las intenciones de sus autores: queremos, como decíamos, promover el debate genuino y la tensión crítica. ¿Cómo se hace real el concepto de interdisciplinariedad en el proceso de la creación artística o cultural? Quizá fuera pertinente invertir la pregunta: ¿por qué el ejercicio de las artes se ha ido segregando en prácticas estancas?, ¿no sería la interdisciplinariedad el estado natural en el ejercicio de las artes? En nuestra opinión, toda obra de arte posee un componente lúdico que apunta a la curiosidad por expandir los recursos técnicos de una disciplina hacia otras en el tratamiento de temas que, por lo demás, son comunes y, en gran medida, recurrentes. Las técnicas digitales, por otra parte, han contribuido a hacer más accesibles determinadas posibilidades de manipulación que, a su vez, permiten la fusión y la experimentación con diversas técnicas y materiales que desafían las cla-sificaciones tradicionales. Pero incluso dentro del marco de las disciplinas más consagradas continuamente se producen eficaces trasvases, sinestesias y préstamos procedentes de otras especialidades. Se trata de algo que viene sucediendo desde los comienzos mismos de la historia del arte, pero que se ha acentuado más en esta época marcada por la globalización. Como arquitecto y urbanista, ¿cuál es el rol cultural de la arquitectura hoy? ¿Y la conexión entre lo cultural y lo funcional? Aclaremos primero que cuando hablamos de arqui-tectura englobamos en el término todas sus escalas de actuación: de la casa a la metrópoli. Entre las manifestaciones culturales, la arquitectu-ra se distingue —se debe distinguir— por su funciona-lidad y por la relevancia que le confiere su inevitabili-dad. Podemos imaginar a alguien que no vaya al cine, que no lea o que no acuda a museos, pero el propio término ciudadano —que, entre otras cosas, designa al sujeto de derechos políticos— remite casi literalmen-te a las personas que viven en ciudades, exponiéndo-se de modo permanente al contacto háptico con la ar-quitectura: topologías, recorridos, volúmenes, sólidos y vacíos, escalas, proporciones, materiales... Estos sistemas físicos —con su propia carga simbólica— contribuyen a conformar nuestra mentalidad. Todos nosotros, por tanto, nos vemos en cierto modo afectados por las ciudades y su arquitectura, querámoslo o no. Una acepción de «cultura» es el «conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época o grupo social». En este sentido, la arquitectura se ocupa de generar los espacios para que todo ello suceda. Se trata, además, de una relación biunívoca y dialéctica que, en cierto modo, queda resumida en aquella cita de Churchill: «Damos forma a nuestros edificios. Después, ellos nos conforman a nosotros». Se trata de un proceso continuo que afecta, además, a diversas facetas de la actividad humana y que cabe leer también, como síntoma o como símbolo de una - 19 -


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